La diócesis de Los Angeles llega a un arreglo con las víctimas de abusos por parte de sacerdotes

Abusos sexuales, doble moral y esquizofrenia crítica

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La mecánica de los juicios civiles en Estados Unidos, con jurado y falta de límites a las indemnizaciones, juega muchas veces contra la presunción de inocencia del demandado. Son motivos que explican el interés por llegar a acuerdos extrajudiciales, como el que acaban de rubricar la archidiócesis de Los Angeles y 508 demandantes que afirman haber sido víctimas de abusos sexuales por sacerdotes católicos. El hecho de que al demandante no le suele costar dinero el proceso, pues los despachos de abogados corren con los gastos en previsión de la jugosa comisión (que en este caso alcanza el 40%), facilita emprender demandas de este tipo.

Además de los 660 millones de dólares (479 millones de euros) que la diócesis desembolsará, el acuerdo supone también la desclasificación de archivos de la diócesis referidos al asunto, que se pondrán en manos de un antiguo juez del Tribunal Supremo. Este compromiso ha venido sellado con una nueva petición pública de perdón a cargo del arzobispo de Los Angeles, Card. Roger Mahony.

Como ya sucedió con la crisis de los escándalos de abusos sexuales por parte de clérigos que salieron a la luz en todo Estados Unidos en 2002 (ver Aceprensa 42/02), los medios más críticos con la Iglesia católica vuelven a poner el grito en el cielo por el daño inflingido sobre todas esas personas y dirigen su dedo acusatorio contra la institución por su “doble moral” y por una gestión de la crisis de tintes encubridores.

Sospechosamente encubridores, en cambio, resultan los comentarios y enfoques de muchos críticos y analistas, que continúan esquivando la realidad de los hechos. El minucioso informe que como fruto de aquella crisis publicó en 2004 la Iglesia en Estados Unidos (ver Aceprensa 36/04) muestra con claridad que el problema no es básicamente de sacerdotes pederastas, sino de sacerdotes homosexuales. Como recogió el documento, la abrumadora mayoría de los menores víctimas de abusos, un 81%, eran varones.

Cuando en noviembre de 2005, la Santa Sede publicó un documento sobre la formación de los candidatos al sacerdocio y señaló que los homosexuales no son idóneos para el sacerdocio porque “no son irrelevantes las consecuencias negativas que se pueden derivar de la ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas”, los mismos críticos y analistas que fueron feroces con esas “consecuencias negativas” en Estados Unidos se mostraron implacables con la presunta “homofobia” del documento católico.

Mientras la Iglesia ha reconocido los errores que el episcopado norteamericano cometió al gestionar esta crisis y se esfuerza por corregir las profundas desviaciones de la doctrina católica que se mantuvieron durante años en sus seminarios, la incoherencia de sus críticos en este caso desvela que son estos quienes realmente sostienen criterios morales y juicios de valor que caen en una esquizofrenia no solo injusta, sino de peligrosas consecuencias.


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