Deja el escaño por coherencia con su fe

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Hay parlamentarios que abandonan la vida política por discrepancias con la dirección de su partido, o por pérdida de apoyo de su electorado, o porque no les dan el puesto que esperan. Pero es mucho más raro, al menos en España, que alguien renuncie a un puesto político por ser coherente con su fe. Esto es lo que acaba de anunciar la senadora socialista por Barcelona Mercedes Aroz, y es toda una novedad.

Aroz presenta su decisión como el resultado de una transformación personal iniciada hace varios años, que hoy le permite anunciar su conversión al cristianismo y que ha culminado en su “plena integración como miembro de la Iglesia católica”.

Su itinerario en el socialismo arranca de lejos. Procedente de la Liga Comunista Revolucionaria, fue una de las fundadoras del Partido Socialista de Cataluña en 1978, ha ocupado cargos directivos en el partido, lleva 21 años de parlamentaria y en las últimas elecciones fue la senadora elegida con más votos, el 53% largo de los emitidos en su circunscripción.

Pero, tras su evolución religiosa, en esta legislatura se ha encontrado incómoda: “Mi actual compromiso cristiano -ha explicado- me ha llevado a discrepar con determinadas leyes del Gobierno que chocan frontalmente con la ética cristiana, como la regulación dada a la unión homosexual o la investigación con embriones, y que en conciencia no he podido apoyar. En consecuencia, se imponía la decisión que he tomado”. De hecho, se ausentó durante la votación de ambas leyes en el Senado y se manifestó públicamente en contra.

Estamos acostumbrados al socorrido subterfugio de algunos políticos que se confiesan creyentes y que aseguran “estar personalmente en contra” de alguna ley, pero no pueden “imponer sus convicciones” a los demás. Con lo que dejan que se impongan las convicciones contrarias, mientras ellos gozan del marchamo de “tolerantes” y siguen tan tranquilos en sus puestos. Frente a estas conciencias de chicle, llama la atención la coherencia de una política que, dividida entre su compromiso cristiano y su representación política, opta por lo más difícil y sigue “la decisión que se imponía”.

Es sintomático también que los motivos de conflicto no tengan nada que ver con el tradicional énfasis de la izquierda en la justicia social y su preocupación por los más desfavorecidos. Lo que hoy divide en el espectro político tiene que ver muchas veces con temas éticos como la concepción del matrimonio o el respeto a la vida, en los que la postura del partido socialista se decanta hoy por una moral individualista-libertaria y por el imperio de la razón científica.

Mercedes Aroz va a seguir como militante del PSC, pues piensa que se puede ser cristiana y socialista. También reconoce que en su partido han sido “amables y cariñosos” cuando les ha explicado los motivos de su renuncia. Lo preocupante es que no se pueda ser senadora socialista y defender a la vez el respeto incondicional a la vida y la concepción inmemorial del matrimonio.

Sin duda, una decisión de este estilo en una política tan identificada con el socialismo no se hace sin desgarro. “Este proceso -dice- ha sido difícil: sin embargo, hoy me siento plenamente integrada en la Iglesia. Se nota su alegría tras alcanzar esta meta. Por eso, dice, “he querido hacer pública mi conversión para subrayar la convicción de la Iglesia católica de que el cristianismo tiene mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia. A través de la fe cristiana se alcanza a comprender plenamente la propia identidad como ser humano y el sentido de la vida”.

Abandonar un puesto de poder en un partido gobernante para ocupar con tranquilidad de espíritu un puesto de simple fiel en la Iglesia, dice ya mucho al mundo de hoy. Pero da la impresión de que la senadora se considera bien pagada.


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