La religión y el origen de la cultura occidental

Religion and the Rise of Western Culture (1948-49)

Encuentro. Madrid (1995). 232 págs. 2.000 ptas.

Conocí a Christopher Dawson durante mi estancia en Oxford en los años 1946-47, y mi amistad con su familia ha continuado después de su muerte en 1970, sobre todo con su hija Christina, autora de A Historian and His World (1984), una excelente biografía de su padre. Fruto de esta relación fueron mis traducciones de Understanding Europe y The Crisis of Western Education, publicadas en Ediciones Rialp (1953 y 1962).

Como escribe Dawson en la introducción a la obra que comentamos, es raro encontrar una cultura en la cual todo su desarrollo religioso pueda recorrerse desde el comienzo hasta el final a la luz de la historia. Afortunadamente, éste es el caso del cristianismo, cuyo proceso podemos seguir en detalle, etapa por etapa, a lo largo de veinte siglos.

Los orígenes de la cultura occidental son evidentemente religiosos, y los Padres latinos como Ambrosio, Agustín, León y Gregorio fueron sus verdaderos fundadores. Al proclamarse a Jesús en vez de al César se realizó una revolución creadora que supuso una nueva era en la historia universal, sobre todo de Occidente. Y con el establecimiento de los monasterios se constituyó la institución cultural más típica desde la decadencia de la civilización clásica hasta el surgimiento de las universidades europeas en el siglo XII. Personalidades como Carlomagno y el rey Alfredo cooperaron eficazmente en la difusión de una cultura cristiana en Europa, y con la conversión de los bárbaros y la incorporación de los pueblos del norte y del oriente de Europa se realizó la unificación religiosa y cultural del continente. La reforma de la Iglesia en el siglo XI, el interés unificador del papado medieval y la consagración de la orden de la caballería a la defensa de la estructura social de la cultura cristiana, proporcionaron un ambiente espiritual que transformó los valores y las ideas de la sociedad medieval.

No menos importante fue el resurgimiento de la ciudad europea de la Edad Media desde el siglo XII en adelante. Europa se constituyó en un mundo de ciudades en el que la vida urbana y el espíritu cívico tuvieron tanta importancia como en los tiempos clásicos de Grecia y Roma. La aparición de la Universidad orientó la cultura del Medievo hacia los nuevos tiempos, y durante tres siglos Europa tendió a la unidad de la Cristiandad y a la creación de una valiosa síntesis intelectual y espiritual. Sin embargo, a partir de mediados del siglo XIII comenzó un proceso centrífugo que culminó en la división religiosa y los cambios sociales y culturales del siglo XVI.

Como demuestra Dawson a lo largo del estudio, los momentos de eficacia vital entre una religión y una cultura son los acontecimientos creadores de la historia, en comparación con los cuales los éxitos externos del orden político y económico son transitorios y de una limitada importancia.

Esteban Pujals

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