Análisis

Tras el referéndum sobre el divorcio en Irlanda

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Análisis

Dublín. El resultado del referéndum irlandés sobre el divorcio no se puede explicar por una sola razón. La experiencia personal, las convicciones religiosas, el rechazo de los valores tradicionales, las declaraciones de los Obispos y del Papa, el debate, la prensa y la televisión, el deseo de imitar a los vecinos europeos, la experiencia de otros países, las campañas publicitarias, y las pésimas condiciones climáticas del 24 de noviembre, son algunos de los factores que han influido en la decisión personal de votar "Sí" o "No".

La campaña se ha caracterizado por un elevado interés de la sociedad en el debate, con numerosos voluntarios trabajando en ambos lados. Por supuesto, en los debates, la actitud apasionada ha sido patrimonio de ambas partes. Pero si los partidarios del "No" han realizado una campaña con un tono más fuerte que los partidarios del "Sí", no es porque unos sean más demócratas que otros. Es sencillamente debido a que ambas partes han seguido los consejos de sus respectivos asesores en publicidad. Según el mensaje que se quisiera transmitir, la campaña debía tener un tono u otro. Así, los grupos que promovieron el "Sí", incluido el gobierno, recibieron el consejo de realizar una campaña más sueave, evitando la mucha publicidad, para así introducir la enmienda a la Constitución de modo menos traumático.

El líder de la campaña anti-divorcio ha acudido a los tribunales para recurrir el resultado del referéndum. La apelación se basa en la conducta impropia del gobierno al emplear fondos públicos para promover el "Sí", medida declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo, y en la desproporción de los tiempos concedidos en los medios de comunicación a las dos partes del debate. El resultado de la vista podrá ser recurrido ante el Tribunal Supremo.

Entre los muchos comentarios de la prensa internacional sobre el referéndum, se han resaltado las quejas del ministro de Asuntos Exteriores, Dick Spring, sobre las declaraciones de Juan Pablo II. El Papa se dirigió a los peregrinos irlandeses en Roma, unos días antes del referéndum, animándoles a reflejar la convicción de que el matrimonio es una unión indisoluble. Otra fue la reacción de John Brutton, no tan comentada. El primer ministro irlandés señaló que estaba de acuerdo con las afirmaciones del Papa sobre el matrimonio, pero que consideraba que esa convicción no debía tener un reflejo en la ley del país, en forma de prohibición del divorcio.

L'Osservatore Romano (27-XI-95) aclaraba posteriormente que el resultado del referéndum no es una derrota para la Iglesia, sino para la sociedad y la familia, "que pierde uno de sus valores fundamentales: la unidad y la indisolubilidad del matrimonio". De hecho, durante el debate, los argumentos de ambas partes se han centrado en la compasión (por los cónyuges separados y los niños), las repercusiones sociales (detrimento de los valores familiares) y económicas (incremento de los impuestos), y las consecuencias políticas (la posible unificación con Irlanda del Norte, y el acercamiento a las políticas sociales europeas). Los motivos religiosos, aunque determinantes para la opinión de muchos, no han ocupado una posición destacada durante el debate.

Por supuesto, un resultado tan ajustado, 9.114 votos de diferencia a favor del "Sí" al divorcio, es motivo de tensiones. El establishment político, que apoyó en masa el "Sí", habría sufrido un revés en caso de perder el referéndum. Gran parte de ese 49,6% que votó "No" considera que los políticos les han abandonado en un asunto importante. Ante este estrecho margen de votos, Brutton ha asegurado que se realizarán nuevos esfuerzos para proteger la institución familiar en el país. Habrá que esperar a nuevas generaciones para valorar las consecuencias de la reciente decisión del pueblo irlandés.

Juan José Pérez Camacho

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