Amor a quemarropa

True Romance

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Director: Tony Scott

Amor a quemarropa
True RomanceDirector: Tony Scott. Intérpretes: Christian Slater, Patricia Arquette, Dennis Hopper.

Clarence (Christian Slater) es un joven amante de las películas de artes marciales, de los cómics y de Elvis Presley. En un cine de barrio conoce a Alabama (Patricia Arquette), una chica de alterne que un amigo le envía como regalo de cumpleaños. Lo cierto es que quedan tan enamorados que se casan. Poco después, Clarence acude a recoger la pertenencias de su chica al garito donde trabajaba. Pero la maleta que se lleva resulta estar repleta de cocaína. A partir de ese momento comienza una larga persecución, que se prolonga hasta el final de la película.

Quentin Tarantino sorprendió como guionista y director en un film de desmesurada violencia: Reservoir Dogs. En esta ocasión, en cuanto autor del guión, trata de parodiar salvajemente el género policiaco violento. Por eso, a pesar de que se habla del Bonnie & Clyde de los 90, el film se encuentra más cerca de Algo salvaje (Johnatan Demme) o de Cuando llega la noche (John Landis). El esquema es parecido: chica se introduce de golpe en la vida de chico; se enamoran; pero unos locos perseguidores no les dejan tranquilos. Resulta curioso observar el clímax de la película diseñado de modo similar al de Reservoir Dogs. Sólo que en ésta buscaba un efecto dramático, mientras que aquí pretende caer -conscientemente- en lo grotesco.

La película acierta en el reparto: a los actores principales se une un elenco de secundarios de lujo. Dos de ellos, Christopher Walken y Dennis Hopper, brindan la secuencia más electrizante del film: la del interrogatorio de un capo mafioso al padre policía del protagonista.

No cabe duda de que se trata de un guión con sus cabos bien atados, que Tony Scott (Top Gun, El último boy scout) ha sabido llevar a la pantalla. Está bien filmada y cuenta con una buena partitura de Hans Zimmer. Se logran efectos notables al ridiculizar personajes típicos: los policías, el cobarde delator, el drogadicto y teleadicto empedernido, el director de cine... Pero ¿para qué todo eso? ¿Para qué el derroche de desmedida violencia, de lenguaje grosero, de duro erotismo? El rumbo errático de muchas películas actuales ciertamente desconcierta.

José María Aresté

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